martes, 22 de mayo de 2018

40%


La sensación de calor baja por mi garganta mientras mis ojos se abren. Te veo con claridad y aun así te busco ciegamente. Otro sorbo no puede hacer mal.

Eres único, eres diferente, eres especial y eres coherente. Soy distinto a todos los que has conocido, te lo prometo. La frase se va quedando vieja con los años, ¿no lo ves? Si que eres especial, amigo, pero no de la forma que tu crees. El rey del circo ha llegado al vecindario y las mujeres no pagan entrada, ellas entrarán gratis al espectáculo. La realidad es mas cruda de lo que creías, el local está desierto, y el único polvo que verás es el del suelo.

El licor se acaba y yo aún no estoy borracho, necesito algo más fuerte. Pego un trago al vaso y te llamo, respondes. Escuchas el plan y te gusta, conduces. Abro la puerta y te abrazo, entras. Acabas mi botella y cojo una nueva, me besas.

La sonrisa hacia un lado y la polla hacia delante para que no se pierda. Eres el mejor a la hora de ligar y se nota al hablar. La confianza al mismo nivel que la arrogancia logran que todas caigan a tus pies, y una mierda. Lo único que consigues es molestar e incomodar.
Eres imbécil pensando que si sigues así lo vas a lograr. Ya que algunos no necesitan ser capullos para evolucionar.


La sensación de calor sube por mi cuerpo mientras mis ojos se cierran.
Veo borroso y aun así te siento con claridad. Otro sorbo no puede hacer mal.
Guarda esa última para otra ocasión, pues ya nos veremos para bebernos una vez más.

miércoles, 9 de mayo de 2018

Acromatopsia


El guión en blanco y la película hecha.

Te despiertas cansado y sin ganas de nada, apenas has dormido y el lienzo sin empezar. La luz se filtra por la ventana del comedor mientras buscas el interruptor para apagarla. ¿Por qué no dejas que te envuelva por una vez? ¿Por qué no pruebas algo distinto por segunda vez? ¿Por que no empiezas a vivir por primera vez?

Mientes bien y estas orgulloso de ello, eres capaz de ocultarlo todo y también de abrirte del todo con alguien. Nunca estas ayudando a alguien que no seas tú. Vives por y para ti porque te da igual lo que piensen los demás. Eres seguro y decidido. Eres verdadero.

La canción sigue igual aunque cambies las notas.

El lienzo debería estar en blanco pero el azul lo inunda. Pequeñas trazas de amarillo se puede discernir en el centro. Observas tu paleta en busca del rojo pero ni siquiera hay verde, quizá nunca lo hubo. Manchado de púrpura buscas el naranja para crear algo nuevo, es imposible, solo hay azul.

Llevas muchos intentos y ya no queda rojo para hablarle.
El amarillo sobre el naranja se mezcla para dar negro.
Tu viejo lienzo no soporta más colores, deberias ir yendo,
pues tu aquí ya no pintas nada y menos sin saber de arte.

La musa cambia pero el cuadro es el mismo.

jueves, 12 de mayo de 2016

Versos

La vi de reojo pero se quedó grabada en mi memoria. Desde aquel momento paso por el mismo sitio a la misma hora todos los días pero no la veo. No me la quito de la cabeza, debo encontrarla para detener esta obsesión. Apenas estoy en casa pues cuando me despierto me voy a intentar encontrarla, hace tiempo que olvide en qué momento del día fue cuando la vi así que simplemente paso el tiempo buscándola.

Recuerdo ese pelo castaño puro, es como si pudiera ver el otoño retratado en él. Cada vez que me levanto y miro al cielo veo sus dos ojos reflejados, esa tez blanca tan hermosa y ese aire de inocencia mezclado con el olor a rosas que desprendía. Pómulos rosados como si de un dibujo animado se tratara, esos labios pequeños que esconden una sonrisa disfrazada de seriedad, dios como necesitaba encontrarla. Paso ligero, probablemente llegaba tarde a algún lado, el sonido de esos tacones se me quedó sonando en mis oídos todo ese día. Se cuidaba, estaba en forma, se le notaba al andar y en el andar, en esas piernas que tantas noches me embobaron ensoñándolas.

Nunca creí  que todo estaba escrito, que todos estábamos destinados a algo y alguien, al menos el yo de ahora. Pero al verla a ella sentí que estábamos conectados de alguna manera, que si no había nada escrito entre nosotros debíamos empezar a escribir las primeras letras.

“No es muy probable que encuentres a quien tan desesperadamente buscas”, con esa frase decidí dejar a la chica en paz. Quizás no estaba hecho para ella o al igual no lo estaba ella pero daba igual. No es la primera vez que alguien me dice que lo deje ir, que vendrá solo. Yo siempre decía que lo sabía cuando eso no era cierto, me mentía, por mi bien. No fue hasta los últimos meses que aprendí a dejar pasar cosas, a ser feliz.

Siempre tendré la imagen de ella en mi cabeza cuando quiera recordarla, es una buena imagen, lo bueno es que en mi mente esa imagen viene acompañada de una canción y una frase. Así clasifico mis imágenes, por frases de canciones.

Y de momento no tengo una acabada, pero aún hay tiempo para cantar.

jueves, 31 de marzo de 2016

Fuga

Me quedo sin ideas, me quedo sin excusas: “Voy a escribir, cuando lo termine te aviso y te lo paso”, y apenas lo empiezo. Quizás ya no tengo nada por lo que desahogarme, quizás lo dejo cada vez más por miedo a no saber cómo empezar. Siempre pensando en cambiar y siempre dejándolo para otro día. Siempre teniendo idea de lo que hacía y siempre sabiendo cuando me repetía. ¿Nunca pensando que molesto? Ya no lo sé. Dios, he cambiado tanto que ya no sé como vaciarme en un texto. La manzana cae muy cerca de mí en varias ocasiones y yo no sé cuantas veces morderla, ni siquiera si hacerlo. Dejé de pensar las cosas 4 veces y ahora soy distinto en todo. Sigo diciendo lo que pienso y sin saber si sé mentirme a mí mismo.

Me quedo sin ideas, me quedo pensativo delante del teclado. Ya no puedo distinguir el orden en el que he escrito algo. Ya no sé si he mejorado, he empeorado o sigo igual. No me importa, he aprendido a restarle importancia a cosas que no merecen la importancia que les daba antes. Me alegro de estar así y espero que dure mucho. Mientras tenga canciones que escuchar tendré algo que escribir.

Me quedo sin ideas, me quedo quieto. Nunca me gustó escribir en un diario y he acabado haciendo esto y no me arrepiento en absoluto. Solo por el gustazo de ponerme a leer todo lo he hecho en un día o dos y ver como he cambiado pienso que ha valido la pena.

Me quedo sin ideas y ésta casi está muerta, por lo que  es mejor no abusar de ella y dejarla reposar en algún sitio de mi cabeza donde la encuentre en unos años.

miércoles, 3 de junio de 2015

Luces opuestas

Despertaba entre sabanas empapadas en lágrimas de la noche anterior, no recordaba si eran de alegría o de tristeza. Abría las ventanas para que el sol acariciara su rostro y el viento besara su piel. Iba a la cocina con prisa, pues siempre que levantaba de la cama tenia sed de sus palabras y hambre de su risa. Esperaba verla con una camisa puesta como cada mañana y besaría su cuello al mismo tiempo que cogería el café con la mano derecha. El sol se reflejaría en su tez, un fuerte aroma a café envolvería la habitación y el sonido de los pájaros retozaría en los rincones del lugar.

Sentado en su escritorio sacaba una pequeña libreta de cuero marrón y su estilógrafo de plata preferido, empezaría a recorrer su interior en busca de una historia que escribir, un cuento para contar, una película que mostrar. Podía elegir al protagonista que quisiera, desde alguien inventado a sí mismo o a ella también. Tenía hasta la caída del sol para terminar como todos los días. La luz del mismo le acompañaba en sus aventuras diarias, la utilizaría de guía para no perderse, para no volverse loco, para no rendirse.

A la puesta del sol la escucharía entrar por la puerta, le abrazaría y la besaría para después dirigirse a la cocina. Sacaba dos copas de vino y después de brindar contaría que tal fue su día, mientras, estaría embobado mirando sus labios y oyendo su risa. Esa risa que inspiró miles de historias de desamor a la vez que de pasión. La misma pasión con la que disfrutaría antes de dormir abrazado a ella, mientras a su alrededor se olería el fresco perfume de las rosas de su mesilla. Las rosas que imitarían tanto su olor que parecería que nunca se fue de aquella casa.

Nunca imaginaria todo lo que le ocurrió con ella, deseaba despertar un día como si nada hubiera pasado para poder repetir todo con ella, incluso los buenos momentos. Recordaría los malos momentos con ternura y dicha, pues al discutir lanzaba las más afiladas palabras que podían imaginarse. Todo ello con la esperanza de poder reconquistarla y nunca sabía si lo conseguía.


Acababa siempre mirando al sol por la misma ventana de siempre, veía como se despedía riéndose y al rato se vería a la hermosa perla blanca ocupando su lugar. Cerraba la ventana al mismo tiempo que empezaba a llorar, no sabía si era de tristeza o de alegría pero daba igual, pues estaba ella. Apagaba la luz y me acostaba a su lado con una tímida sonrisa en la cara y unas atrevidas lágrimas en el rostro.

miércoles, 21 de enero de 2015

Las luces parpadeaban al mismo ritmo que sus ojos tintineaban, olía el sonido de su voz en el aire, como le gritaba, como le ensordecía y como le callaba. Observaba en la sala un pantalón rojo manchado, desgastado, deshilachado y acabado. Yacía en el suelo al lado de un piano viejo sin más teclas que Si y No, vio una partitura colocada en el atril, aunque estaba rota se leía el nombre: Claro de Luna. Él recordaba con añoranza las cincuenta veces que habría sonado esa sonata en su sombría habitación mientras leía sus cartas y olía el asqueroso/delicioso aroma de esa última rosa negra que le quedaba.

No sabía que le ocurría, nada más que la veía a ella mirara donde mirara y no podía sacársela de la cabeza por muy lejos que se fuera. Se agarró el zafiro atado al cuello y lo tiró contra el suelo dividiéndose en lágrimas que ella no llegaría a secar nunca. Se prometió a sí mismo no beber más de ellas aunque se muriera de sed, pues aun le quedaría la sangre de la herida. Aquella herida que él abriría inconscientemente para probar una vez más el sabor dulce del dolor provocado por ella, era consciente de que no debía hacerlo, pero también sabía que parte de ese dolor provenía de aquella mujer. Esa mujer había protagonizado tantos sueños macabros y pesadillas que al despertar lloraba de alegría de que se hubiera ido lejos, eso era lo que él se intentaba hacer creer, que se alegraba de su partida.

Sabía que la había perdido, quizás por no seguir las reglas del juego, o quizás por pensar que esa maldición llamada amor podía llegar a ser la razón de sus alegrías, cuando no era más que una melodía intermitente que rellenaba su pentagrama de latidos retorcidamente acelerados.


Anochecía y conforme la oscuridad se apoderaba del lugar, más se daba cuenta que iba perdiendo la noción del color, no podía distinguir más que negro y blanco, poco a poco se convertía en un pobre chucho que no sabría salir de esa pesadilla. Olisqueó como su antigua vida se iba con la brisa de la noche, sentía miedo y frío, no sabía qué hacer. Así que bajo el hocico y se tumbó con la esperanza de que alguien pudiera sacarle de aquella perrera de tres paredes.

lunes, 13 de octubre de 2014

Sequía

Hacía tiempo que no llovía y él lo deseaba desde hace mucho. La ocasión era idónea para que ocurriese tal raro fenómeno, tanto dolor solo podía ser reflejado con una lluvia intensa de esas que es capaz de asustar a la gente. Él solo quería sentir el agua en su piel, ver las gotas agarradas a sus secos labios sufriendo con miedo por no caer en el vacío tan oscuro que una vez las creó. Pero no llovía, tenía todo lo necesario para llover pero no caía nada. Tal vez había llovido demasiado en verano o quizás agotó las reservas de agua con cada noche de invierno.

Deseaba llegar corriendo a su casa, tirarse en la cama, taparse la cara con la nube y empezar a llover. Hacer negra su cama de tanta lluvia y gritar algún trueno de vez en cuando, estremeciendo a todo extraño que lo oyese. Titubear tímidamente sin levantar la sorpresa de nadie para luego llamar la atención creando inundaciones en las calles. Que los niños ignorantes de lo que pasara allí arriba salieran corriendo a la calle para beber una lluvia mal producida. Que los enamorados suspiraran pegados a una ventana, pensando en aquel o aquella que les hacia feliz mientras observaban como la lluvia hacia de una calle un autentico rio de paz y calma.

Quería que viniera ella, quería equivocarse delante de ella, quería que ella le detuviese, la quería a ella. Que llegara para alumbrar su corazón y secar su lluvia, dejando parte de ésta en el aire para que alguien la respirase a la vez que creaba una amplia sonrisa. Quería y quería pero nunca aprendía a querer, a añorar, a amar…

Deseaba que apareciera entre su cama dejándole ciego, lo bastante para no recordar la razón por la que llovía. Ella le abrazaría por detrás y el soltaría las últimas gotas de alegría, formando un horizonte de siete colores cada uno más brillante que el anterior.

Pero no llovía y cada vez se hacía más oscuro, más tenebroso, más espeso, más él. Había dejado lugares yermos con gente que suplicaba y rezaba para que lloviese pero a él no le salía. Tenía las ganas pero le faltaba el agua al igual que tenía la esperanza pero le faltaba ella.